Un buen jugador no sermonea a aquellos players que fueron injustamente favorecidos por la suerte al haber entrado en una mano donde llevaban claramente las de perder.
Al sentarnos en una mesa que consideramos apropiada, lo hicimos basando la elección en que el nivel es bajo o al menos uno o más de los presentes juegan mal (¡5ª norma del decálogo!). Cuanto peor jueguen, mejor para nosotros. Si el propósito fue aprovechar ese margen que intuimos que otorgaban, una vez puesto en marcha no hay derecho al
pataleo. Es pueril o directamente un error conceptual pretender ganar todos los pases donde haya una ventaja. Lo único que la estadística nos revela es que habrá una proporción más grande de victorias que de derrotas que se ganará siempre.
¿O acaso la emprendemos contra ellos cuando, en las mismas condiciones, nos toca ganar en lugar de perder?
En absoluto, cuando sucede eso estamos encantados. Lo que se critica no es que hayan procedido mal. La razón de la reprimenda es porque se ha perdido el pase. No se sostiene que los critiquemos cuando juegan mal, cuando exactamente eso es lo que estábamos esperando que hicieran.
Cuando un jugador sermonea a un inepto porque te metió un bad beat, lo peor que puede sucederle… ¡es que lo escuche! Es de esperar que a la crítica le siga una argumentación de por qué ha jugado mal y cómo debía proceder.
Ejercer la docencia en una mesa, de lograr resultados, lo hará en una sola dirección: que el presunto sucker revise sus principios y empiece a mejorar. También se cambia el humor de la mesa. De uno convenientemente relajado y con ánimo de diversión, se pasará a otro más reconcentrado, hostil y atento. Es muy fácil despertar el instinto de competencia en los demás.



